Miércoles 12 de Marzo de 2008
— Por M. Roig, periodista del diario Expansión.
Se han convertido en "celebrities". Pero algunos de los proyectos de estrellas como Calatrava, Foster o Moneo han acabado estrellados. Sin embargo, los nombres de estos "galácticos" de la arquitectura siguen pesando más que la funcionalidad de sus obras.
Son las grandes celebrities de la arquitectura. Nombres como Santiago Calatrava, Rafael Moneo, Ricardo Bofill o Norman Foster se han convertido en las estrellas mediáticas de una profesión que combina funcionalidad y arte, aunque no siempre en la misma proporción.
Las vidas de estos profesionales de prestigio están plagadas de reconocimientos, lo que hace que sus trabajos se los disputen instituciones, empresas y ciudades de todo el mundo. Pero también cometen fallos. Son errores de funcionalidad, de presupuesto, de plazos..., que se pasan por alto o se intentan olvidar, ya que el renombre pesa más que el fin para el que fue proyectada la infraestructura en cuestión. Ni siquiera sus propios compañeros de profesión se atreven a poner en duda o a criticar aquellos trabajos que la evidencia desvela que distan mucho de ser perfectas o que pueden ser consideradas como auténticos fiascos, como ha podido comprobar EXPANSIÓN al intentar ponerse en contacto con un buen número de ellos.
El resurgir de esta profesión comenzó, según los expertos, con el efecto regenerador que tuvo la construcción del museo Guggenheim sobre la ciudad de Bilbao, de Frank O. Gehry. Pero, desde entonces, ha habido un poco de todo.
¿Por qué, entonces, siguen apostando las ciudades de todo el mundo por contratar a estos arquitectos? ¿Qué es más importante: el prestigio que pueda aportar la obra a la ciudad o al organismo en cuestión o la utilidad por la que fue contratada? La respuesta, hasta ahora, parece estar más que clara.
El "puente que se tambalea" de Norman Foster
Se inauguró el 10 de junio del año 2000 y un par de días más tarde ya tuvo que ser cerrado al público. Y es que el excesivo balanceo del denominado Puente del Milenio y apodado por los londinenses como "el puente que se tambalea", diseñado por el arquitecto Norman Foster, llegó a provocar en esos días auténticas escenas de pánico. La expectación era máxima ya que se trataba del primer viaducto peatonal de Londres y el único construido sobre el río Támesis en más de cien años.
La plataforma en suspensión –sin ningún tipo de apoyo vertical, mantenida sólo por ocho cables horizontales, a modo de tirantes– de 320 metros de largo y cuatro de ancho, que se eleva sobre las aguas del río londinense, llegó a registrar en esos días oscilaciones de hasta 70 milímetros. El propio Foster declaró que “el puente nunca fue peligroso y su cierre se debió a una cuestión de comodidad”. El equipo de ingenieros fue el encargado de corregir este fallo, una labor que retrasó unos dieciocho meses la reapertura del viaducto.
Para enmendar el desaguisado, tuvieron que insertar en la estructura 91 placas de cemento, similares a los amortiguadores de los automóviles, que no llegaron a alterar el diseño original. Evidentemente, este fallo supuso un coste adicional de ocho millones de euros, que se sumaron al presupuesto inicial, que se cifró en alrededor de 30 millones de euros. No se sabe muy bien, o más bien, no se ha hecho público, quién ha sido el responsabl de correr con estos gastos extra. El proyecto de sir Norman Foster, una vez concluidas estas "correcciones", ha servido para enlazar la catedral de San Pablo, en los márgenes de la City, con el museo Tate Modern y el Teatro Globe, ambos en la orilla sur del río.
Los "proyectos-espectáculo" de Santiago Calatrava
El Ayuntamiento de Bilbao contrató los servicios de Santiago Calatrava en 1997 para levantar el puente Zubi Zuri. El factor climatológico parece que no fue tenido en cuenta, ya que cuando llueve –algo habitual en la capital vizcaína–, el suelo resbala. A esto hay que añadir que el pavimento de cristal se rompe, lo que supone un desembolso adicional para las arcas municipales. Bilbao no es la única ciudad a la que los trabajos del arquitecto le han salido caras. El valenciano Palau de les Arts ha tenido un coste de unos de 300 millones de euros, frente a los 84 millones presupuestados. El edificio fue inaugurado en 2005 y luego permaneció cerrado durante un año.
Cuando iba a ser abierto de nuevo en 2006, la maquinaria que mueve la plataforma escénica se hundió junto con los decorados. Si a esto se añade que de sus cuatro salas, una no se ha llegado a abrir jamás, otra está cerrada por tener una acústica deficiente y, además, hubo que retirar 200 butacas de la sala principal por carecer de visibilidad, las quejas están más que justificadas. La gota que ha colmado la paciencia de los valencianos ha sido ver cómo se inundaba el edificio debido a las lluvias. Los fiascos del artista no se limitan sólo a España, sino que llegan hasta Italia; por ejemplo, a Venecia.
La propuesta de un cuarto puente sobre el Gran Canal se empezó a barajar en 1996, cuando su Ayuntamiento le encargó el diseño. El presupuesto inicial era de 3,8 millones de euros, una cifra que se ha multiplicado por cuatro. Problemas en el ensamblaje de la estructura en acero y retrasos han sido una constante. Una vez montado, se descubrió que el puente se movía. Hasta el momento, la estructura ha cedido un centímetro. Hasta cuatro no pasa nada. Después, puede venirse abajo. Los venecianos lo llaman el "Puente de la Vergüenza". Cuando la obra estabacasi terminada, surgieron nuevas críticas. Un colectivo de discapacitadoss presentó una queja, porque el puente inicialmente no contemplaba soluciones de tránsito para quienes tienen alguna discapacidad. Fue necesario entonces diseñar una especie de teleférico por el que podrán recorrer el puente dos personas discapacitadas a la vez, una idea que nunca gustó del todo a Calatrava.
Estudio FAM y su monumento que se deshincha
El monumento que recuerda a las víctimas del 11-M, diseñado por el estudio de arquitectos FAM (Fascinante Aroma de Manzana) en la estación de Atocha fue inaugurado en marzo de 2007, tras dos años de retraso. Semanas después de su apertura, ya aparecieron los primeros problemas en su estructura, que parecía deshincharse. Los fallos se volvieron a repetir el pasado mes de noviembre, cuando la membrana que recubre el interior de la estructura, de un material derivado del teflón, se despresurizó, debido a un problema en los ejes de la puertas.
La climatología sueca, el reto de Rafael Moneo
Muchos de los proyectos de Rafael Moneo han sido criticados. Así, el Museo de Arte Moderno de Estocolmo tuvo que cerrar sus puertas durante una temporada por una invasión de hongos que afectó al sistema de ventilación y a la estructura del edificio. La construcción tenía menos de cinco años, lo que desató una gran polémica en Suecia, donde se acusó a Moneo de haber basado su diseño en cuestiones meramente estéticas, algo que choca con la tradición funcionalista de la arquitectura nórdica, además de no haber tenido en cuenta las características climáticas del país.