℘ Lector Impasible

El lunes se trabaja

Lunes 17 de Marzo de 2008

— Por Clara Ruiz de Gauna, periodista del diario Expansión.

Dicen los expertos en gestión empresarial que los lunes y los viernes son los días laborables menos productivos. Los viernes, porque nos entretenemos pensando en el fin de semana que vendrá, y los lunes, porque nos entretenemos pensando en el fin de semana que vino.

El 10 de marzo de 2008 cayó en lunes, pero fue una de las jornadas más productivas del año, precisamente, porque había que pensar en el fin de semana que vino.

La jornada electoral del domingo está dando lugar a tantas concienzudas conclusiones, a tantas rebuscadas conjeturas y a tantas predicciones extraordinarias que los analistas políticos no tienen tiempo ni para estornudar. Por una vez, las encuestas no se desviaron demasiado del resultado del 9-M, pero mucha gente actúa como si el domingo por la noche se hubiera llevado la sorpresa más increíble de su vida. La única lectura clara es la misma de siempre: en unas elecciones generales, casi nadie pierde. En la teoría, sólo debería haber un ganador, pero en la realidad hay muchos: el que ha conseguido más votos, el que logra un nuevo escaño, el que se mantiene, el que acapara protagonismo por primera vez, el que mejor ha metido el sobre en la urna, el que más veces ha salido en la foto, el que ha provocado que alguien pierda, el que sí pero no, el que no pero sí.

Los pocos perdedores que se encuentran parece que no tienen, además, ninguna culpa. Que si el bipartidismo ha sido el único que ha tenido un hueco en la campaña, que si el voto de castigo ha marcado los resultados, que si hay que cambiar el sistema de reparto de escaños. Todo sea por que ni uno solo se vaya para escenificar el fracaso de muchos.

En esto, la política se parece muy poco a las empresas. Aunque en la Europa de las corporaciones hay una tendencia clara a evitar las dimisiones y a justificar las operaciones nefastas, ningún directivo puede acumular carpetas de malos resultados sin tener que rendir cuentas. En Estados Unidos, esa situación sería prácticamente imposible. Dicen que la crisis hipotecaria no ha hecho más que empezar, pero ya se ha llevado por delante a muchos todopoderosos ejecutivos de Wall Street.

Las salidas de Charles Prince, ex consejero delegado de Citi; de Stan O’Neal, el dimisionario primer ejecutivo de Merrill Lynch; de Zoe Cruz, antigua copresidenta de Morgan Stanley; y de Kathleen Corbet, ex presidenta de Standard & Poor’s, recuerdan que puedes ser un buen gestor sólo hasta que los números no demuestren lo contrario.

En España, las empresas no son excesivamente partidarias de las marchas forzadas de sus dirigentes, pero la debacle de empresarios como Enrique Bañuelos, de Astroc, y Luis Portillo, de Colonial, deja claro que la paciencia tiene unos límites y unas barreras que son casi infranqueables en el mundo político.

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