Martes 18 de Marzo de 2008
— Por Miguel Ángel Otero Soliño, autor del blog Crónicas desde la Antártida: Diario de un pingüino.
El viento nutre de hostilidad la vida antártica, así cuando el aliento del polo sopla con fuerza tus ojos sufren enrojecidos el son de su baile, el oleaje trastea y la sensación térmica oprime con mayor pujanza. Es sin duda uno de los mayores enemigos del trabajador antártico y uno agradece sus escasas treguas.
En esos días que el viento amaina y el sol hace acto de presencia, la Antártida se vuelve de postal, luminosa y deliciosamente bella. El problema es que uno apenas tiene tiempo a disfrutar de su plenitud, ya que los días que nacen en sosiego siempre conllevan intensas jornadas laborales.
En un lugar donde el buen tiempo escasea, cualquier atisbo de calma es utilizado para recuperar o adelantar cualquier trabajo. El día se presume en paz y Las Palmas no obvia que es un buen momento para trasegar combustible a la base 'Juan Carlos I'. Sus depósitos deben ser rellenados al completo antes de la finalización de la campaña, ya que es necesario que los generadores cuenten con un buen remanente de gasoil para la apertura del año que viene.
Cualquier trasvase de combustible supone cierto riesgo, el buque debe fondear muy próximo a costa debiendo enviar una estacha a tierra para evitar bornear; debemos controlar en todo momento la velocidad del viento y certificar que el ancla no se desplace ya que la manguera o la estacha podrían llegar a romper y enfrascarnos en una situación de emergencia. Durante el transcurso de las operaciones se prohíbe el fumar y se hacen rondas constantes por toda la extensión de la manguera (incluido su tramo acuático) con el fin de detectar posibles fugas.
Todas las instalaciones antárticas se sostienen energéticamente gracias a maniobras similares, bien sea a través de trasvases como el hoy efectuamos o bien trasladando el combustible en bidones haciendo uso de helicópteros o embarcaciones neumáticas. Se trata de una logística compleja y no exenta de riesgos humanos o ambientales, por ello muchas bases están buscando fórmulas para reducir su dependencia del combustible fósil y planean seriamente pasarse a las energías verdes.
El uso de energías renovables supone aprovechar sin apenas impacto los propios recursos naturales que ofrece la Antártida, no genera contaminación y proporciona un cierto grado de autosuficiencia a las bases reduciendo su dependencia de la logística aérea o naval, permitiendo incluso el mantenimiento de aparataje científico automatizado durante los períodos invernales, tiempo en el que la mayoría de las bases permanecen cerradas.
La Antártida es rica en veloces soplos de aire y de hecho en la estación francesa 'Dumont D'Urville' se han llegado a medir vientos de hasta 320 km/h; todo ello convierte a la fuerza eólica en la fuente más prometedora para abastecimiento energético en ambientes polares.
El proyecto más ambicioso hasta la fecha, es el propuesto por la base australiana Mawson que ha instalado tres enormes aerogeneradores de unos 30 metros de alto, que cuando estén plenamente operativos aportaran el 80% de sus necesidades energéticas.
Otra de las fuentes de energía limpias que se empieza a emplear con éxito es la solar. La posibilidad de contar con veranos con casi 24 horas de luz, así como sus escasos mantenimientos y costes, la convierten en una alternativa más que atractiva; de hecho, esta resultando una solución factible para estaciones no costeras como la americana 'Amundsen-Scott', ya que su uso reduce los costosos y peligrosos puentes aéreos.
Otra ventaja de las placas solares es su poco peso, lo que facilita su transporte a puntos remotos, siendo utilizada por muchos científicos para el sostenimiento energético de sus equipos de medición. Así por ejemplo este año los científicos españoles de 'Byers' han instalado un sistema automático de monitorización y muestreo limnológico, que se mantendrá operativo durante todo el año gracias a la energía aportada por dos panales solares.
El liderazgo mundial que actualmente ocupa España en el uso de energías alternativas, se refleja claramente en la base Juan Carlos I, que se ha subido al carro de los pioneros con la instalación de diferentes modelos de aerogeneradores de 750W y 3000W y dos campos fotovoltaicos de 1000W y 3000W que acumulan energía en una bancada de baterías.
Con todo el uso de energías alternativas en territorios inhóspitos se enfrenta a importantes desafíos. Las primeras pruebas invernales con molinos de viento fracasaron parcialmente, por un lado el frío intenso hizo mella en una electrónica diseñada para otras latitudes y por otro las aspas fueron incapaces de soportar las fuertes e irregulares turbulencias polares. Las placas solares no son igual de eficaces en invierno, ya que la noche casi perpetúa así como las nevadas reducen su producción.
Otro de los problemas deriva de la imposibilidad de una correcta supervisión de las instalaciones, ya que cualquier mínimo error, perfectamente subsanable en otras circunstancias, puede inutilizar equipos durante meses hasta que la base vuelva a abrirse al verano siguiente.
Con todo, los nuevos diseños ya han conseguido mantener la generación durante las invernadas y aunque siguen sin obtener las potenciales esperados cada año mejoran sus rendimientos. Un nuevo futuro energético parece advertirse por el horizonte de la Antártida.
Finalizamos con éxito el trasiego de combustible y tachamos una nueva tarea de la lista. La Antártida es un territorio lleno de paradojas, hoy el viento constituye uno de nuestros más acérrimos adversarios pero en el futuro quizás se convierta en un fiel aliado; es curioso la de vueltas que puede dar la vida...