Sábado 29 de Marzo de 2008
— Por Jesús Miguel Marcos, periodista del diario Público.
Los Premios de la Música, que se conceden este jueves 3 de abril en Valladolid, son un apaño. Unos pocos, cobijados bajo el paraguas de la Academia de las Artes y las Ciencias de la Música, deciden cómo y a quién se premia. Las consecuencias: la credibilidad artística de los galardones es nula y su interés popular está bajo mínimos.
El apaño es explícito, a cara descubierta. Los votantes de estos premios son los miembros de la Academia de la Música, un organismo fundado por la Sociedad General de Autores y Editores (SGAE) y la Sociedad de Autores, Intérpretes y Ejecutantes (AIE). El organigrama de la Academia está encabezado, precisamente, por sendos presidentes de las dos anteriores sociedades: Eduardo 'Teddy' Bautista (presidente) y Luis Cobos (vicepresidente).
Sin embargo, los votos de los socios no deciden directamente los finalistas. Según figura en el mismo reglamento de los Premios, "un Panel de Evaluación, integrado por miembros de la Academia, podrá recurrir a un proceso de votación interna entre los candidatos más votados para designar a los finalistas". Es decir, que una vez se reciben los votos de los socios, unos pocos -al parecer en una comida-, se arrogan el derecho de "maquillar" los resultados.
El reglamento establece que se invitará a especialistas a las votaciones. Público ha consultado a algunos de los periodistas musicales más relevantes del país, y la gran mayoría o no ha votado o no recibe la solicitud. "Es una farsa. No he votado ni me interesa", dice Julián Ruiz, crítico de música de El Mundo y veterano locutor de radio. Según él, "quién organiza los Premios no sabe hacerlo, y no representa a la música en España".
Darío Vico, redactor jefe de Rolling Stone, lleva 20 años escribiendo de música, pero nunca le han pedido el voto. "No conozco a nadie de la profesión que vote. Me da la impresión de que estos premios se negocian en comités muy reducidos", comenta.
Ganan los de siempre
Esta temporada, los candidatos a Mejor Álbum son Luis Eduardo Aute, Pereza, Diana Navarro y Miguel Bosé. En el caso de este último, ¿puede un disco de duetos, con canciones compuestas hace 20 años, ser el mejor disco de 2008? "Ningún palmarés de los Premios de la Música ha aportado nada -sostiene Vico-; yo no digo que Papito sea mal disco, pero que vengan a premiarlo como el mejor, un año después de su edición... El año que salga un disco que haya vendido 700 copias, entonces estos premios valdrán para algo".
La credibilidad artística de estos galardones languidece al comprobar que artistas tan dispares como Antònia Font y Chenoa compiten en la categoría de Mejor Disco Pop. Esta kafkiana selección no extraña, ya que en el reglamento de los premios no se establecen en ningún momento los criterios para evaluar los discos. Rafael Tapounet, responsable de Cultura de El Periódico de Catalunya y músico, cree que "lo que tienen que ver estos premios con la música es nada. Se premia al artista que mejor ha funcionado para la industria. Y en este caso quién premia es SGAE, que también recibe dinero".
La órbita Bautista-Cobos
La posibilidad de que un artista que no esté en la órbita Bautista-Cobos tenga un lugar destacado entre los ganadores es prácticamente nula. David López, director del sello independiente Limbo Starr -casa de Nacho Vegas, el músico más destacado de la última década según la crítica especializada-, reconoce que hace tres años que no presenta a sus artistas a los premios. Según López, "la última vez que nos presentamos, Nacho Vegas fue finalista a la mejor canción en asturiano. Al final ganó un artista de folk, que al parecer era amigo de Víctor Manuel". Víctor Manuel es miembro de la Junta Directiva de la Academia de la Música.
La Academia no oculta una preferencia especial por su Junta Directiva. De las once ediciones que se han celebrado hasta la fecha, en seis ocasiones el álbum ganador era de uno de sus miembros: Alejandro Sanz (1998, 2001 y 2002), Joaquín Sabina (2000 y 2003) y Paco de Lucía (2005).
Tampoco se entiende que artistas consolidados como Andrés Calamaro, Los Planetas, Fito & Fitipaldis, Quique González, Bunbury o el mismo Nacho Vegas nunca hayan accedido al premio al Mejor Álbum del Año. "El año pasado Nacho se llevó el premio al mejor disco de rock alternativo por su disco con Bunbury, editado por EMI. Lo que no entiendo es qué tiene de alternativo, porque es un disco de rock a secas", añade David López.
Los criterios comerciales ahogan los criterios artísticos. Según Diego A. Manrique, crítico de El País y Radio 3, "la Academia, al depender de un organismo que recauda, tiene una devoción extrema por los grandes recaudadores. No creo que ninguno de los votantes se ponga en su casa a Bisbal, pero genera ingresos. Está claro que no es la excelencia artística lo que prima". Los de siempre ya han premiado a los de siempre. El jueves 3 de abril, en Valladolid, el resultado.